foto_kilianAutor: Kilian González Suárez

Miembro del Foro CATPE sobre el Transito de Canarias hacia la Sociedad del Conocimiento

 

Publicado en La Provincia el 23 de julio de 2016

El inmovilismo de las personas en distintos aspectos de la vida ha dejado de tener cabida dentro del contexto social en el que estamos inmersos. La sociedad se ha visto obligada a romper las cadenas que la ataban a los valores más tradicionales y que habían sido transmitidos de padres a hijos. Hoy en día vivimos en un mundo cambiante en el que nada está garantizado, pudiendo pasar del éxito al fracaso en un muy corto periodo de tiempo y en algunos casos sin que de nosotros dependa este cambio de situación. Debemos estar preparados.

Somos animales de costumbres, habituados a vivir dentro de nuestra zona de confort, en la rutina. O al menos lo éramos hasta hace poco. La evolución económica, política y social nos ha empujado a cambiar a la fuerza, a no dar nada por sentado y a ser capaces de levantarnos cuando nos caemos. Ya nadie va a venir a tendernos la mano.

La sociedad debe prepararse para vivir con el desconocimiento de su futuro. Sin garantías de éxito pero, afortunadamente, tampoco abocados al fracaso.

En las manos de cada uno de nosotros está la posibilidad de labrarnos una vida personal y profesional en la que seamos felices. Estamos de paso en este mundo y nuestro objetivo no debería de ser otro sino disfrutar al máximo y de la mejor manera. Cuidemos lo que tenemos para que nuestros hijos y nietos puedan disfrutarlo tanto o más de lo que nosotros lo hemos hecho.

Para combatir contra este futuro incierto debemos desarrollar una serie de habilidades y competencias estrechamente vinculadas con la personalidad de cada uno de nosotros. La iniciativa personal, la autonomía y la empatía son algunos de los aspectos que más van a marcar el lugar donde nos encontremos dentro de unos años.

Tenemos una gran cantidad de gente muy formada pero que carece de este tipo de habilidades. Están bloqueados porque les prometieron que la tenencia de estudios les garantizaría un futuro digno y no lo han encontrado todavía. No saben qué hacer.

El mejor momento para abordar estas cuestiones a tiempo podría estar en la etapa escolar donde las mentes aún están conformándose para definir la personalidad de cada individuo. El juego es uno de los factores más importantes que intervienen en el desarrollo de las competencias de los jóvenes. No es nada nuevo, pero no ha sido hasta hace unos pocos años cuando se le ha empezado a prestar algo más de atención.

Tradicionalmente, el juego ha recibido una connotación negativa a partir de cierto rango de edad. Para muchas personas jugar es sinónimo de perder el tiempo, pero desde un punto de vista docente y progresista aporta más ventajas que desventajas.

Parece que la enseñanza formal es sinónimo de que todas las acciones deban ser serias, y en el fondo lo que conseguimos con ello es ir contra la propia naturaleza de los seres vivos. Todos los seres vivos comienzan sus primeras etapas de la vida jugando; es algo que aporta satisfacción y que además permite adquirir cierta pericia en aspectos que podrían ser aprovechados en el futuro.

Cuando en una clase muestras algo por primera vez, muchos alumnos (sobre todo en primaria) tienden a buscarle la parte divertida al asunto. Algunos profesores tratan de censurar ese tipo de conductas por considerarlas faltas de seriedad, y de este modo, en mi opinión, es como logramos que nuestros jóvenes se aburran cada vez más en la escuela.

Para los estudiantes, la educación tal y como está estructurada hoy en día parece más un trabajo sin remuneración que una actividad con valor en sí misma. Un proceso que no siempre es alegre y cuyos frutos se obtienen a muy largo plazo.

En un mundo donde lo que prima es la instantaneidad de las cosas, se hace necesario el uso de nuevas metodologías que fomenten el aprendizaje, y que este se premie también a corto plazo. Aprovechándose de estos dos factores, juego y premio a corto plazo, surgen planteamientos más modernos que tratan de darle un vuelco a la forma en la que aprendemos. Uno de ellos es la Gamificación.

Con el sistema educativo actual un gran número de jóvenes pierde el interés por los estudios, la percepción del alumnado es que los beneficios que se obtienen no valen el esfuerzo dedicado. ¿Estudiaríamos si el objetivo del proceso de enseñanza y aprendizaje no fuese reportarnos beneficios económicos en el futuro? Estudiar de la manera tradicional ya no sirve para motivar a las nuevas generaciones que han crecido en un contexto totalmente diferente. ¿Qué pasaría si estudiar fuese más placentero?

La Gamificación trata de dar respuesta a esta última pregunta. El término está estrechamente relacionado con la palabra juego, pero tiene algunas matizaciones que habría que destacar.

Un experto podría definir un juego como una actividad física o intelectual que se encuentra regida por una serie de normas y cuyo objetivo principal es el disfrute del mismo. Con un juego obtenemos un feedback inmediato que nos sirve para abstraernos de la realidad y vivir en nuestras propias carnes la contextualización del mismo. En cambio, la Gamificación es un proceso que se ejecuta durante un periodo más largo de tiempo aunque tenga implícitas varias metas a corto plazo.

En resumidas cuentas, gamificar es aportar características de juego a una actividad determinada dándole a esta un mayor atractivo que sepa mantener la motivación en sus participantes.

Partiendo de la base de que la educación es una etapa fundamental en el desarrollo de los individuos para que estos se adapten a su entorno, donde la propia actividad educativa conforma un periodo de experimentación y descubrimiento, entonces debemos aceptar que los juegos son uno de los mejores métodos que existen para educar. Cuando hablamos de juegos, deberíamos estar hablando también de educación.

Las ventajas van desde la ayuda en el desarrollo de automatismos beneficiosos para las áreas de estudio, el aumento de la motivación del alumnado y de su participación en la clase, la mejora en la atención hacia las particularidades de cada alumno, el desarrollo del estado anímico o el incremento de la autonomía, entre otros. El juego es un instrumento didáctico y el uso de la gamificación nos ayuda principalmente a la hora de incentivar un determinado tipo de conducta en clase.

Cuando las emociones producidas por este tipo de metodologías entran en juego, somos capaces de acercarnos al conocimiento de un modo distinto al tradicional, ajustándonos mucho mejor a esa realidad que viven los jóvenes en la actualidad.

Existen varios casos de éxito que invitan a pensar que la aplicación de la gamificación en educación podría tener un gran futuro por delante, al igual que ya ha sucedido con su aplicación dentro del ámbito empresarial. Son varias las organizaciones que han comenzado a formar al profesorado para que implanten esta nueva metodología dentro de sus aulas.

En 2014 el proyecto español Zombiología fue galardonado en el Gamification World Congress. En dicho proyecto los alumnos aprenden biología y geología mientras intentan sobrevivir a una plaga de zombies (http://zombiologia.com/). La experiencia fue tan buena que ha continuado aplicándose en años académicos posteriores.

Un caso internacional mucho más conocido es el de la plataforma online de aprendizaje de idiomas Duolingo (http://es.duolingo.com/). Toda su metodología gira en torno a la gamificación  y, a día de hoy, ya ofrecen certificaciones que acreditan el nivel de dominio de una lengua.

Si eres docente una buena herramienta para comenzar a gamificar tus clases es ClassDojo (http://www.classdojo.com/), una aplicación online con Apps para dispositivos móviles donde cada alumno dispone de una cuenta y ve cómo su personaje va superando metas gracias a su desempeño en el aula.

El uso de estas herramientas y nuevas metodologías dentro del aula puede que no suponga la solución definitiva a todos los problemas educativos a los que nos enfrentamos pero, aplicando una y otra vez las mismas estrategias que se han aplicado siempre, lo único que hacemos es engañar a nuestros jóvenes. No hagamos que parezca que la vida es un proceso rígido en el que solo triunfarán siguiendo una receta cuidadosamente diseñada por un chef del siglo pasado.

Ante un futuro incierto, imaginación, creatividad y tesón.