Le voy a hacer una propuesta. Imagine que pido que elija una de estas dos alternativa: uno, le ofrezco un magnífico televisor de plasma por traspasar su plan de pensiones al que yo le vendo –llamémosle Plan TV- con la obligación de que usted mantenga este plan durante los próximos cinco años; dos, no le ofrezco nada por traspasar su plan de pensiones, que usted decide mantenerlo invertido en su plan actual.

Suponga que accede a mi propuesta. El primer año, el Plan TV rinde un 1%, frente a un rendimiento del 0,75% de su anterior plan de pensiones. ¿Qué sucedería si en el año dos se invierten los papeles y su plan de pensiones rinde un 1% frente a un rendimiento del Plan TV del 0,75%? ¿Y si esta situación se mantiene en los próximos tres años?

Si hace usted los números, se dará cuenta que podría haber comprado esa televisión, la que usted quisiera, incluso con mejores prestaciones y a menor precio –por ejemplo durante el segundo o tercer año-, y sobrarle aún algo de dinero si comparamos el rendimiento de ambos planes al final del año cinco.

Ya estamos en plena campaña de captación de planes de pensiones, y nada ha cambiado. Seguimos contemplando cómo el reclamo de video consolas, televisiones o cualquier otro electrodoméstico, o pagos en efectivo aparentemente suculentos, son el elemento clave para la elección de mi plan de pensiones, sin más análisis que ese aparente regalo.

No pretendo que nos pongamos a calcular qué rentabilidad hace financieramente equivalentes ambos planes de pensiones. Pero sí que no perdamos de vista el fin del plan de pensiones, la importancia de su comportamiento en plazos de tiempo largos, y la obligación de analizar más allá del regalo de campaña.

No debemos perder de vista la importancia del ahorro previsional, del ahorro a largo plazo que debe tener como objetivo básico el financiar el nivel de vida que queremos disfrutar cuando acabe nuestra vida laboral. Más teniendo en cuenta la cada vez más delicada situación de las pensiones ‘públicas’, íntimamente ligadas a la disponibilidad presupuestaria, y bajo ningún concepto garantizadas.

También debemos elegir el vehículo idóneo. Para cubrir ese ahorro previsional no solo existen los planes de pensiones. Planes de Previsión Asegurados, Planes Individuales de Ahorro Sistemático, seguros de ahorro, fondos de inversión, una cartera de valores,…

Démonos cuenta que cuanto antes empecemos a ahorrar para tal fin, mejor. Una desviación de 0,5% no tiene mayor importancia cuando tomamos apenas un año como escenario temporal, pero les garantizo que puede ser una fortuna cuando hablamos de capitalizarlo compuestamente durante veinte o treinta años. Además, cuanto antes empecemos, menor tendrá que ser nuestro esfuerzo, nuestra renuncia a dejar de gastar hoy para gastar en un momento que muchos ven como muy lejano.

Tomemos las decisiones mientras podamos. Interioricemos esa necesidad, cada vez más acuciante, de ahorrar para más adelante, para cuando llegue el momento en el que tengamos que vivir de nuestros ahorros.

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