Sabemos que el siglo XXI comenzó alterando su orden internacional con la triste noticia del 11-S en Nueva York. El terrorismo se había introducido en el imperio y el mundo comenzó una nueva etapa. Ya habían sucedido las dos grandes guerras europeas en la primera mitad del siglo XX y el planeta había iniciado una nueva andadura con el cambio climático. Tras la crisis petrolera de la década de 1970, el mercado mundial se alteró de manera significativa. Los hidrocarburos se convirtieron en auténticos lingotes de oro para la economía y reservas de algunos países afortunados en ese tipo de recursos naturales.

Del vapor y el carbón se pasó a la electricidad con gas y petróleo sin olvidar la generación hidroeléctrica en saltos de agua. Las tecnologías eólicas y fotovoltaicas tardaron en aparecer. Al menos en Canarias y hubo que esperar a los primeros años del siglo XXI para darnos cuenta en nuestra Comunidad Autónoma de la alta dependencia que tenemos del exterior en materia energética. Nos definieron como Región Ultraperiférica (RUP) una vez que nos adherimos a la UE de modo singular a la hora de aplicarnos las políticas comunitarias.

A pesar de nuestro viento y nuestro sol conocimos de manera significativa la llegada de los molinos eólicos en 2004 y de las instalaciones fotovoltaicas, sobre cubiertas y en el suelo, a partir de la entrada en vigor del RD 661/2007 que incentivó la aplicación de las citadas tecnologías, entre otras, en algunas islas de Canarias por razones varias. Algunas pymes creímos en la seguridad jurídica del estado español y apostamos entonces por generar electricidad en Canarias por diversas circunstancias derivadas fundamentalmente de su latitud y en consecuencia de las horas de sol sobre el archipiélago, y de la rentabilidad razonable que señalaba la norma estatal. Pero la mala conciencia del ministro socialista Miguel de Sebastián a finales de 2010 y el revanchismo del ministro conservador J.M. Soria alteraron brutalmente a finales de 2011 las reglas de juego de esta apuesta energética renovable en todo el país pero fundamentalmente en Canarias, por su aislamiento, -insularidad- y su alta dependencia energética del exterior además de sus horas de sol.

Lo que no es de recibo es que el presidente Rajoy ataque políticamente a Pedro Sánchez, secretario general del Psoe, argumentando la mala política energética española aplicada por Zapatero y Sebastián, que permitió a los ingenuos empresarios que apostamos por la fotovoltaicas haber recibido una rentabilidad de más del 20%. Me da la impresión que no sabe de lo que habla aun cuando el ministro Soria también lo dijo a la hora de justificar los recortes de las primas hace pocos años. Eso no se lo cree ni los bancos que nos dieron los préstamos, ni las instaladoras que nos montaron las placas y los inversores, ni la Endesa que nos dio el punto de enganche. Sólo las empresas que tienen que pagar mensualmente las cuotas del préstamo.

Vamos a esperar las consecuencias de este nuevo modelo energético que se avecina, para conocer de verdad la importancia de las fuentes renovables a la la hora de generar electricidad. Algunos se enterarán de lo que vale una hora de sol y recordarán el precio del barril del petróleo.